01 julio 2009
25 junio 2009
Murió el POP: murió Michael Jackson
En realidad son muchas las anécdotas que uno puede relacionar a Michael Jackson. Por ejemplo el susto que me daba cuando chico ver el video “Thriller”, que era casi una película al lado de los videoclips contemporaneos. A pesar de eso era medio fanático el pergenio y recuerdo haber llevado unos autoadhesivos del Michael negro en mi chaquetita.
También solía decirse, por lo menos en Chile, que cuando uno andaba con calcetines blancos y zapatos negros, era andar a lo Michael. Muchos escucharon alguna vez el “demaicol” que viene del “demaiquelyaksonandecindiloper”( de Michael Jackson que Cindy Lauper) que simplemente quería decir: demás que si. Jajaja…plop no.
Pero sin duda el señor Jackson fue el icono de una época. De los Atari, USA, URSS, Cassettes, Moonwalker, del casi patético We Are The World ….we are the children y de la época del videoclip.
Los chicos de hoy poco saben lo que a mediados de los ochenta era un televisor. El plasma era perseguido solo por los cazafantasmas y un LCD solo podría ser algo cercano al acido psicodélico. Nosotros teníamos nuestra gran caja de bordes imitación madera, adornado con tres circulitos, uno de color rojo, otro verde y uno azul, lo que significaba que estabas viendo televisor a “todo color”. Control remoto? Que es eso? Los canales se cambiaban con una especie de manilla tipo reloj que te ubicaba los canales del 1 al 15 donde solo podrías ver algo en el 5,7,9 ( a veces), 11 y 13. Estar en cama y querer cambiar de canal era toda una experiencia. Todo obviamente por medio de antenas y si estas fallaban ….unos golpecitos siempre mejoraban la señal.
Hace muchísimos años, en los albores de mi memoria, dentro de esa cajita mágica vi con asombro esta presentación de Michael Jackson y su famoso “paso lunar”. Un Hito:
18 junio 2009
Lo soy
Hoy en la mañana me despertó un sueño incomodo. De aquellos que no sabes si llevarlo a pesadillas o simplemente catalogarlo como sueño a secas. Transfigurado como es de costumbre a la realidad, ensamblaba cada una de las inconexas piezas en un cuerpo claro y entendible donde mis temores y dolores quedaban nítidos. Como es de costumbre, y ahora lo vengo a averiguar, no lo he compartido con nadie.......... Esto no tiene sentido!!!! Como voy a estar hablando de un sueño que no entiendo, pero que siento!!!!..........................................mas encima en medio aparecía mi abuela poniendo una piedra a la bolsa de la basura.¿?, bueno eso se entiende porque durante años el camión pasaba por su casa recogiendo la basura una vez a la semana y de un momento a otro, seguramente por dictamen municipal o una nueva licitación, el monstruoso camión asomaba tres veces por semana y ella, pobre…Dios la tenga en su reino…viviendo sola, se avergonzaba de alimentar a ese camión con una bolsa tan reducida ¿Solución?: Algunas piedras del antejardín se marchaban con la bolsa, para sentir el orgullo de entregar su buena basura!
Ah! cuantas locuras nos embriagan. Como me odiaban en aquel sueño!!! Y más encima dos o tres acciones sin querer me dejaban peor! ..y yo comprendía el sentir…Pero en medio del cuento encontraba una mano, de quien menos esperaba. No puedo llamarla para agradecer su corazón 5 estrellas por un sueño. ¿Será una dimensión paralela y nos encontramos por esos lares? ---algunas cosas tienen sentido---me han enviado mensajes que considero semivalidos ¿No?¿tonterías?...Bueno Freud diría que me fuera al demonio y quizás el demonio me rechazaría de inmediato. Eran realmente ojos infernales cuando me miraba en el sueño y me prohibía toda acción y tan calmadito que le he visto en la vida real.
Me sentí como el perro de semáforo, que juega en cada luz verde a cruzar con una familia o por delante de una pareja, engañándose por unos segundos a que tiene dueño y le cuida de aquellas ruedas que frecuenta ladrar, pero al despertar, no sentí la angustia de una pesadilla. Porque ciertamente la conozco en pesadillas bien desagradables que en mitad de la noche me sientan lleno de sudor. Mas encima perdí algunas partes que creo haber recordado en la mañana.
Y como suele suceder, estos sueños quedan molestando como una mosca…o como cuando uno se olvida de un actor. Todo el día dándole vueltas a la problemática y así andaba por los pasillos del supermercado, hasta el minuto fatal en que se me ocurrió meterme por los papeles confort y toallas desechables, que en ese momento se encontraba solo habitado por dos señoras. Yo con mi carrito muy en lo mío, las pasé como si nada hasta el momento en que escuche un “UUUUHHH” (uuu como de mamá….así como suave, tierno y con asombro) PAFFF!!!! Y al volver la vista atrás vi todo el piso lleno de papeles confot en el suelo….y como ya me acostumbro a tener algo que ver, les pregunte : “Fui yo?” y ellas asintieron con la cabeza y sus manitos tapando sus bocas. Dejé lo que se llama la mansaca y que iba a hacer…ordenar? Algo hice, pero llegaron los reponedores y no me quedó otra que volver avergonzado a la caja y obviamente a mi sueño.
12 junio 2009
Del té y la marraqueta
Trece años han pasado de aquel encuentro en que Acosta asumió la banca de la selección nacional. Aquella noche del 6 de julio, una vez finalizada la goleada por 4-1 frente a Ecuador, llamamos al abuelo para compartir nuestra alegría. Estaba Feliz. ¿Viste lo que hizo el viejito? Decía como dando valor a su tercera edad. No hacía mucho, mi abuela nos había abandonado y a pesar de su dolor y la soledad se mantendría activo por unos años antes de abandonar el mundo exterior. Esa noche estábamos felices y eso que no estábamos ni cerca de clasificar al mundial de Francia, tan solo habíamos goleado a Ecuador.
Fuera de nuestras fronteras es difícil de entender la euforia que genera la selección nacional y especialmente hoy por hoy, cuando los resultados nos favorecen. Por años se escuchaba en nuestros medios de comunicación los “Triunfos morales” o “La copa se mira, pero no se toca”. Frases que resultan ridículas para las nuevas generaciones. Aunque hay que entender que antes de la década de los 90s, las alegrías deportivas, que tan atentos gustamos de seguir, nos habían sido esquivas.
Cuando el “zorro” Alamos acuño en los setentas “Hoy la marraqueta es más grande y el té más dulce en la mesa” aludiendo al triunfo colocolino, dio en el clavo en lo que significa un victoria para el pueblo chileno. Muchos, quizás, ignorantes de un “doble cinco” o un “slice” del tenis, pero gustosos de saborear las victorias, como un bálsamo justiciero a la descrestada de millones de lomos, que llegan y pasan por estas tierras.
El abuelo nos dejó hace un tiempo y no pudo compartir con nosotros la alegría de los triunfos deportivos. Tuvo su tiempo, en los albores de Colo-Colo, cuando todos eran amigos y las leyendas abundaban. Hoy es el nuestro, saboreando las victorias, en maravillosos estadios y esperando que en un futuro, ojalá no lejano, otros puedan ver a los nuestros en lo más alto de los podios deportivos.
Porque el grito de triunfo deja un clip en la memoria, una pequeña marquita del recuerdo en que un día se sintió el té más dulce y la marraqueta mas grande.
11 junio 2009
Nube negra
Cuando busco el verano en un sueño vacío,
cuando te quema el frío si me coges la mano,
cuando la luz cansada tiene sombras de ayer,
cuando el amanecer es otra noche helada,
cuando juego mi suerte al verso que no escribo,
cuando sólo recibo noticias de la muerte,
cuando corta la espada de lo que ya no existe,
cuando deshojo el triste racimo de la nada.
Sólo puedo pedirte que me esperes
al otro lado de la nube negra,
allá donde no quedan mercaderes
que venden soledades de ginebra.
Al otro lado de los apagones,
al otro lado de la luna en quiebra,
allá donde se escriben las canciones
con humo blanco de la nube negra.
Cuando siento piedad por sentir lo que siento,
cuando no sopla el viento en ninguna ciudad,
cuando ya no se ama ni lo que se celebra,
cuando la nube negra se acomoda en mi cama,
cuando despierto y voto por el miedo de hoy,
cuando soy lo que soy en un espejo roto,
cuando cierro la casa porque me siento herido,
cuando es tiempo perdido preguntarme qué pasa.
Sólo puedo pedirte que me esperes
al otro lado de la nube negra,
allá donde no quedan mercaderes
que venden soledades de ginebra.
Al otro lado de los apagones,
al otro lado de la luna en quiebra,
allá donde se escriben las canciones
con humo blanco de la nube negra.
http://www.youtube.com/watch?v=Fnoy2hTvFpE
Sabina
24 mayo 2009
Al Abordaje
El sol se elevaba en lo más alto del cielo, confirmando el mediodía. Todo lo programado durante semanas se aprestaba a cumplir con las expectativas de los familiares, amigos, profesores y las autoridades pertinentes. La tensión se respiraba tras el improvisado escenario, que no era más que un patio trasero utilizado en su cotidianeidad como estacionamiento del colegio. Los niños, como pocas veces, no correteaban de lado a lado y atendían obedientemente las instrucciones de las tías profesoras. Aquella mañana presentaban sus mejores trajes: unos como marineros del Perú y los otros representando a los marinos de la Esmeralda encabezados por un menudo Arturo Prat.
¿Qué les habrá llevado a elegir a ese pequeño niño como representante del Héroe?Lo cierto es que se le veía calladito, tímido, pero seguro en cumplir su papel a cabalidad. Cantaba todos los días el “2 y 2 son 4 y 4 y 2 son 6…” camino al trabajo de sus padres. No era una gran cosa, pero hacia ameno el camino, las matemáticas y todo lo que no fuera encerrarse en aquel lugar. Unas semanas antes, había visitado junto a su madre a una solitaria anciana que sabía de botones, agujas, de hilos y telas. Su casa era de las de antaño: de muchísimas piezas, enormes techos, gatos, manteles, dormidos muebles y sus telas. De ahí salió el traje más hermoso que se podía hacer para honrar al arrojado héroe. Hecho completamente a la perfección.
La espada no era algo menor. Si queríamos ser fieles al relato, Arturo debía desenvainarla y llevar a cabo el abordaje. Bella como el traje colgaba en su pequeñita cintura, mientras cada niño, repasaba los movimientos programados y recordaban las parejas de la representación. Fue en ese momento, en que una de las tías llamó al pequeño Prat y le repasó cuidadosamente el programa, los niños salían al escenario y la neurótica tía insistía en ajustar aquella espada. Sus preocupaciones desataron el primer problema, Prat no salió primero como estaba presupuestado, sino de los últimos. La tía se mostraba sumamente nerviosa, más que el protagonista de la historia, pero en su timidez y respeto a la autoridad, se dejó llevar por su inesperado arrebato.
De la representación misma guardo pocos recuerdos. Todo es muy borroso hasta el momento en que me tocó encabezar el abordaje y desenvainar mi espada. Son de aquellos segundos que se vuelven interminables, en los que de un momento a otro desaparece el sonido y se pueden escuchar los pensamientos. Tras un infinito de intentos, con la mayor de las fuerzas que me daba la naturaleza, la espada no salió de su sitio.
Prat murió sin oponer resistencia. No era mi culpa, pero nadie así lo podría entender. Tantas esperanzas, las horas que pasó aquella mujer cruzando alfileres por mi silueta, los textos aprendidos, aquellos movimientos finamente estudiados para ser en escena el mejor. Todo aquello representado en la más grande de las comedias que conozca un 21 de mayo.
Hoy lo veo casi con ternura. Han pasado muchos años de aquella experiencia. Aunque si puedo decir que por largo tiempo pesó en mi espalda. Como buscando ser aquel Prat que no era, huyendo de tierra firme, ocultando tras ese bello traje las marcas de la vida dura, parchándolo de mentiras injustificadas, de heridas auto inferidas y de preguntas no preguntadas. Cierto es que amé, cierto es que todo lo que siempre hice y quise lo busqué, pero cierto es así, que dañé con lo que nunca busqué dañar. Soy culpable de no haber sacado aquella espada y cambiar el curso de lo que estaba escrito.
Hace tantos meses que no escribía en mi blog y hoy lo hago con la convicción de dar un giro. De hacer lo que pocas veces había hecho, de mostrar lo que respiro día a día, de matar a ese héroe de cartón y de esperar que guste lo que realmente soy. Quizás lo lean unos pocos, quizás nadie, pero ahí está. Finalmente la atadura ha cedido, la vaina afloja y deja que poco a poco, la hoja de mi espada vea la luz.





